Escuchas “Tiny Dancer” y ya estás en el autobús de Almost Famous. Empieza “Where Is My Mind?” y aparecen los edificios de Fight Club. A veces basta una introducción para recordar una escena completa: quién estaba ahí, qué acababa de pasar y cómo te sentiste al verla.
Elegir canciones en películas también es una forma de contar la historia. Una puede hacer creíble una reconciliación; otra, meterte en la cabeza de alguien que se está enamorando demasiado rápido. Y hay ocasiones en las que una letra alegre, puesta sobre una imagen terrible, resulta mucho más incómoda que cualquier música de suspenso.
Estas diez escenas encontraron una canción que les queda tan bien que cuesta imaginarlas con otra.
Almost Famous: “Tiny Dancer”, Elton John
El autobús de Stillwater viene cargado de tensión. Después del desastre de la noche anterior, los personajes apenas se miran. Entonces empieza “Tiny Dancer”, de Elton John, y uno a uno se suman a cantar.
La escena funciona porque nadie necesita dar un discurso para arreglar las cosas. Durante unos minutos vuelven a disfrutar estar juntos. Los problemas siguen ahí, pero también aquello que los llevó a subirse al mismo autobús: la música.
Y para una película sobre conocer de cerca a tus ídolos —con toda la decepción que eso puede traer—, ese pequeño reencuentro importa muchísimo.
Las ventajas de ser invisible: “Heroes”, David Bowie
Sam abre los brazos en la parte trasera de una camioneta mientras atraviesan un túnel y suena “Heroes”, de David Bowie. Charlie la observa; Patrick conduce. Es una salida con amigos que, por un momento, se siente como el mejor lugar del mundo.
La fuerza de la canción hace que entendamos la emoción de Charlie: por fin está viviendo algo de lo que quiere formar parte. Después de sentirse fuera de lugar, encuentra a dos personas con las que puede bajar la guardia.
La adolescencia también tiene esos momentos. No sabes qué vas a hacer con tu vida, pero esa noche, con esa gente y esa canción, estás bien.
10 cosas que odio de ti: “Can’t Take My Eyes Off You”, Frankie Valli
Patrick toma el micrófono del estadio y le canta “Can’t Take My Eyes Off You” a Kat durante su entrenamiento. Hay gradas, una banda escolar y personal de seguridad que intenta detenerlo. Él sigue con la serenata.
Lo que la vuelve irresistible es verlo abandonar su pose. El personaje que parecía tener todo bajo control acepta hacer el ridículo frente a medio colegio para llamar su atención.
Heath Ledger vende el gesto con una mezcla de seguridad y torpeza que le queda perfecto a la película. Es exagerado, sí. También es una comedia romántica adolescente: aquí venimos a aceptar ciertas cosas.
(500) Days of Summer: “You Make My Dreams”, Daryl Hall & John Oates
Después de pasar la noche con Summer, Tom sale a la calle y su felicidad se convierte en un número de baile al ritmo de “You Make My Dreams”, de Daryl Hall & John Oates. Los peatones se suman y la ciudad entera parece celebrar con él.
Estamos viendo cómo se siente Tom. Todo le parece más bonito porque cree que las cosas están saliendo exactamente como quería.
La canción le queda a esa euforia en la que un encuentro se convierte, en tu cabeza, en una historia completa. La película después tendrá bastante que decir sobre esa costumbre de adelantarnos.
Pulp Fiction: “You Never Can Tell”, Chuck Berry
Mia Wallace y Vincent Vega se apuntan al concurso de baile de Jack Rabbit Slim’s. Suena “You Never Can Tell”, de Chuck Berry, y llegan los pasos que tantas veces hemos visto imitar: los dedos frente a los ojos, los movimientos de pies, la seriedad con la que ambos se toman el twist.
Hay algo muy divertido en ver a estos personajes entregados a una actividad tan sencilla. Por un rato, la película deja que los conozcamos a través de cómo bailan y se miran.
El ritmo les da espacio para jugar. La escena tiene encanto, cierta incomodidad y una química que no necesita resolverse de inmediato.
Trainspotting: “Lust for Life”, Iggy Pop
Renton corre por las calles de Edimburgo mientras entra la batería de “Lust for Life”, de Iggy Pop. La película empieza con una persecución y una voz que cuestiona todo ese paquete de trabajo, consumo y vida respetable que supuestamente deberíamos desear.
La energía de la canción nos mete de golpe en su mundo. Renton tiene carisma, velocidad y una aparente libertad que resulta atractiva, incluso cuando sabemos que sus decisiones lo están llevando a lugares peligrosos.
Esa contradicción atraviesa Trainspotting: puedes disfrutar el impulso de sus personajes y, al mismo tiempo, ver el daño que están haciendo.
Trainspotting: “Perfect Day”, Lou Reed
La misma película merece otro lugar por una elección completamente distinta. “Perfect Day”, de Lou Reed, acompaña la secuencia de la sobredosis de Renton. La suavidad de la canción choca con lo que vemos en pantalla.
El contraste vuelve la escena más perturbadora. La música conserva su calma mientras Renton pierde el control de su cuerpo y otras personas tienen que hacerse cargo de él.
Dentro de una película que suele moverse a toda velocidad, este momento se siente como un hundimiento. La canción ayuda a sostener esa sensación sin convertirla en una escena convencional de alarma.
Donnie Darko: “Head Over Heels”, Tears for Fears
Donnie llega a la escuela y “Head Over Heels”, de Tears for Fears, acompaña un recorrido por sus pasillos y personajes. Richard Kelly escribió la secuencia con esa canción en mente, coordinando la llegada de Donnie y el movimiento de la cámara con la música.
El resultado tiene algo de videoclip escolar: miradas, gestos y pequeñas interacciones presentan la dinámica del lugar sin detener la historia para explicarla.
La canción aporta emoción a un entorno que también puede ser hostil. En esos pasillos conviven el enamoramiento, las ganas de pertenecer y la incomodidad de estar rodeado de personas que no necesariamente te entienden.
Lost in Translation: “Just Like Honey”, The Jesus and Mary Chain
Después del último encuentro entre Bob y Charlotte, “Just Like Honey”, de The Jesus and Mary Chain, acompaña la despedida y el cierre de Lost in Translation.
La película deja abiertas varias preguntas sobre lo que ocurrió entre ellos y lo que podría pasar después. La canción permite quedarse con la emoción de ese encuentro sin exigirle una explicación.
Sus guitarras tienen la mezcla de dulzura y ruido que le queda a una despedida así: triste, pero también agradecida. Algo terminó y, aun así, qué suerte que sucedió.
Fight Club: “Where Is My Mind?”, Pixies
El narrador y Marla observan cómo caen los edificios mientras empieza “Where Is My Mind?”, de Pixies. Después de todo lo que la película ha hecho con la identidad y la percepción de su protagonista, la canción parece llegar al lugar exacto.
La guitarra tiene una tranquilidad extraña frente al tamaño del desastre. Los personajes se toman de la mano y el cierre encuentra un gesto íntimo en medio de la destrucción.
Es una combinación difícil de olvidar: caos afuera, desconcierto adentro y una canción que deja ambas cosas suspendidas hasta los créditos.
Cuando la película se queda en tu playlist
Lo interesante de estas canciones en películas es lo que pasa después. Las escuchas en el coche, caminando o en una fiesta y vuelve una imagen que quizá llevabas años sin pensar.
También ocurre al revés: regresas a la película esperando ese momento exacto en el que entra la música. Ya sabes lo que va a pasar, pero quieres verlo otra vez.
Hay canciones que te recuerdan a alguien. Estas también te recuerdan dónde estaba la cámara. ¿Qué otra peli o canción se te vino a la mente?